L’Osservatore Romano

La visita del Papa Francisco a las Naciones Unidas se produce en un momento de desafío y esperanza. Mientras el mundo lucha para hacer frente a los conflictos, la pobreza y el cambio climático, el Papa es una voz importante en favor de medidas urgentes para proteger a las personas y nuestro planeta.

Tengo el gran privilegio de haberme ya reunido varias veces con Su Santidad, un hombre de gran humildad y humanidad. Cuando el año pasado, en mayo, nos reunimos en el Vaticano, el Papa invitó a los jefes ejecutivos de las Naciones Unidas a «promover juntos una verdadera movilización ética mundial que, más allá de todas las diferencias de credo u opiniones políticas, difunda y aplique un ideal común de fraternidad y solidaridad, especialmente con los pobres y los excluidos».

La cooperación internacional en favor de las personas más vulnerables del mundo es fundamental para la misión de las Naciones Unidas, así como se recoge en nuestra Carta, cuya entrada en vigor cumplirá setenta años el próximo mes.

Si bien las Naciones Unidas trabaja con los socios para responder a las muchas emergencias en nuestro mundo, también buscamos construir la estabilidad a largo plazo. Es por eso que nos sentimos muy honrados por el hecho de que Su Santidad nos visite en el día en que se adoptó la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030.

El Papa Francisco ha exhortado a la gente de todo el mundo a trabajar en la creación de nuevos objetivos de desarrollo sostenible «con generosidad y valentía». Como dije al Papa, para esto hay que desafiar todas las formas de injusticia.

Después de la adopción de los objetivos de desarrollo sostenible, la atención se desplazará a la inminente conferencia sobre cambio climático en diciembre en París, donde todos los gobiernos del mundo se reunirán para tratar de adoptar un nuevo tratado, universal y significativo sobre el clima. Estoy totalmente de acuerdo con el Papa Francisco cuando, en su reciente encíclica, afirma que el cambio climático, más allá de las otras dimensiones, es una cuestión moral y es uno de los principales desafíos que la humanidad debe afrontar. Su Santidad ha justamente citado el sólido consenso científico que indica como resultado de la actividad humana el significativo calentamiento del sistema climático y la mayor parte del calentamiento global que ha tenido lugar en las últimas décadas.

El Papa Francisco y yo coincidimos plenamente en la necesidad urgente de actuar y en la fundamental exigencia de apoyar a los miembros más pobres y vulnerables de nuestra familia humana ante una crisis de la que los pobres son los menos responsables, pero los primeros en sufrirla. Otros grupos confesionales se han hecho eco de esta visión, incluyendo, recientemente, una asamblea de eminentes estudiosos y líderes religiosos islámicos.

El mensaje del Papa Francisco va más allá de los 1,2 mil millones de católicos en el mundo. En la primera página de su reciente encíclica, el Papa dice: «Frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta».

La Iglesia católica y las Naciones Unidas tienen muchos valores y objetivos comunes no poco importantes, como los de acabar con la pobreza, promover la inclusión social y la protección del medio ambiente.

Al reflexionar sobre los muchos logros de la Organización, todos somos muy conscientes de las graves amenazas que persisten en nuestro mundo.

El conflicto en Siria y el impacto más amplio de la violencia extremista en la región constituyen una tragedia humana colosal que requiere una acción internacional. El Papa es un firme partidario de una respuesta humana al drama de los refugiados en busca de una vida mejor, un drama que está emergiendo con un gran número de llegadas a Europa. Estoy profundamente agradecido por sus repetidos llamamientos a la compasión.

Este mes voy a convocar una reunión especial sobre la crisis de refugiados para promover un enfoque sistemático que incluya no sólo a los países de destino, sino también a los países de tránsito y, sobre todo, a los de origen. Debemos hacer frente a las causas que impulsan a muchos a huir: los conflictos violentos, los fracasos de la gobernabilidad, las duras represiones y las graves violaciones de los derechos humanos, incluida la persecución religiosa. También es esencial hacer frente a la crueldad de los traficantes de seres humanos y poner fin a sus peligrosos crímenes.

El Papa Francisco ha demostrado la importancia del compromiso de los líderes religiosos en estas urgentes cuestiones globales. Confío en él y en los demás líderes religiosos para contrarrestar las fuerzas de la división y el odio a través del diálogo y el entendimiento. Juntos podemos hacer realidad nuestra visión de un mundo pacífico en el que todas las personas vivan con seguridad y dignidad.

Ban Ki-moon