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El alarmante nivel de pobreza infantil del estado de Nueva York está alcanzando proporciones epidémicas, según reconocieron funcionarios electos y activistas. Los niños latinos y afroamericanos son los grupos que se llevan la peor parte, representando el 26% y 24%, respectivamente, de los afectados.

“Se trata de una tendencia alarmante que amenaza la estabilidad económica y social del estado”, dijo el asambleísta Marcos Crespo, presidente del grupo legislativo hispano en Albany. “Los alarmantes índices de pobreza infantil en Nueva York han alcanzado proporciones epidémicas para todos los grupos étnicos y raciales”.

Según un informe presentado, este viernes, en la Asamblea estatal, el área con la peor situación en el estado es el condado de Rochester, al norte, que ocupa el segundo lugar a nivel nacional de menores que viven en la pobreza. Allí, los niños latinos representan el 58.5% del total de infantes en esa condición.

Las estadísticas recopiladas por autoridades estatales y organizaciones muestran que, desde Buffalo hasta Newburg, la tasa de pobreza infantil supera el 50%. En la mayoría de las principales ciudades del norte del estado, el 73% de infantes afroamericanos viven por debajo del umbral de pobreza federal (FPL), de $24,250  en ingresos anuales para una familia de cuatro. La problemática también alcanza a los niños blancos, que representan la cifra récord del 40% de pobreza en lugares como Binghamton, y muchos están a punto de cruzar el umbral federal en Rochester, Syracuse, Schenectady y Troy.

La situación se agudiza en la Ciudad de Nueva York, una de las áreas del estado con el más alto costo de vida, además de Long Island y el condado de Westchester. En la Gran Manzana, el 35.5% de los niños latinos viven en condiciones de pobreza, y el 40.1% viven por debajo del umbral federal, en comparación con el 33.1% de su pares afroamericanos y el 18.6% de los menores blancos.

“No vivimos, sobrevivimos”, sentenció la madre mexicana Nancy Vázquez (26), mientras esperaba con sus dos pequeñas su turno para recibir alimentos en el banco de comida comunitario de la Iglesia Evangélica Española, en El Bronx. “Mi esposo gana el salario mínimo, pero no nos alcanza para pagar la renta y poner comida en la mesa”.

Vázquez, quien acude cada viernes a la iglesia en la esquina de las avenidas Prospect y Westchester, comentó que dejó su empleo en una panadería para cuidar a sus hijas, lo que agravó su precaria situación económica.

“Hay un solo ingreso en la casa, y aunque mi esposo trabaje realmente duro, el dinero simplemente no alcanza”, expresó la residente del sur de El Bronx. “Estaríamos peor si no tuviéramos la ayuda alimentaria de la iglesia. Cada mes, hay que decidir entre pagar el alquiler o costear otros gastos básicos”.

Como Vázquez, otras madres con sus hijos pequeños hicieron fila bajo la nevisca que dio la bienvenida a la primavera.

“Emigré hace tres meses a este país pensando que estaría mejor, pero me encontré con la misma pobreza de la que escapé”, dijo una madre ecuatoriana que declinó identificarse. “Al menos aquí hay iglesias que regalan comida”.

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