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Esta Cumbre tiene una especial importancia para España por varios motivos, uno de ellos relacionado con su próximo papel en la ONU y otro con la necesidad de dar un empujón al nuevo rey.

El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, saluda al historiador de La Habana Eusebio Leal al inicio de un recorrido por el Centro Histórico de La Habana.
El ministro de Asuntos Exteriores de España, José Manuel García-Margallo, saluda al historiador de La Habana Eusebio Leal al inicio de un recorrido por el Centro Histórico de La Habana.
 Martinoticias.com

La última visita de un jefe de Estado a esta Cumbre fue la de Fidel Castro en 2000 a Panamá, por lo que, tal y como señala el diario El País, “la presencia de Raúl Castro podría arrastrar a otros mandatarios latinoamericanos, y sería ‘la prueba del nueve’ del renacimiento de un foro nacido bajo el impulso de España en 1991“.

También ABC recoge en su edición de hoy el interés de García-Margallo en la presencia de Cuba en Veracruz, ya que “si Raúl Castro asiste podría arrastrar con él al venezolano Nicolás Maduro, y hacer más fácil la presencia de la brasileña Dilma Rousseff, lo que garantizaría una amplia presencia de mandatarios –que podría llegar al pleno– en la reunión”.

Esta Cumbre Iberoamericana tiene una especial importancia para España por varios motivos. Uno de ellos que el pasado mes de octubre resultó elegida como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el bienio 2015-2016, lo cual le coloca en una situación privilegiada y eleva su estatus de relevancia internacional.

Contar con todos los presidentes latinoamericanos en esta cita sería, sin duda, un importante apoyo a la Cumbre de la cual fue promotora en 1991, además de la oportunidad de juntar a líderes sudamericanos –especialmente de Cuba, Venezuela o Brasil– que se encuentran en medio de cambios sociales en sus respectivos países.

Por otro lado, le edición de Veracruz que tendrá lugar en pocos días será la primera que Felipe VI presidirá como rey, lo que la convierte a corto plazo en un objetivo de la política exterior española. A este respecto, El País sostiene que tras las últimas cumbres iberoamericanas, en las que se produjeron numerosas ausencias por el desinterés de los presidentes de la zona, “Margallo aspira a que haya un pleno de asistencia en Veracruz que marque un punto de inflexión”.