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Tomado de Revista Buzos:

Cientos de epidemiólogos, infectólogos y profesionales sanitarios cubanos los que viajaron más de siete mil kilómetros hasta África Occidental, región donde la epidemia de ébola ya infectó a 13 mil 700 personas y ocasionó más de cinco mil muertes. Esas brigadas aspiran a cumplir con su promesa de salvar a los enfermos y regresar sanos a su país. Son la única esperanza para millones de africanos y la primera línea de defensa contra el pánico y la ansiedad que imponen cuarentenas obligatorias, cierres de fronteras, suspensiones de visados y despliegue de tropas en zonas de riesgo.

La alerta se activó en marzo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó un brote de ébola en Guinea Conakry, que luego se expandió a Liberia, Sierra Leona, Nigeria y Senegal. Desde entonces, África Occidental es la mayor zona de riesgo epidemiológico y su población clama por ayuda, ya que muchos de los 400 médicos locales se contaminaron y miles de pacientes quedaron sin atención y sin diagnóstico oportuno. Esto nunca se había visto en ningún brote anterior de ébola.

De los 193 países miembros de la OMS, Cuba fue el primero en ofrecer su contribuición con personal médico para enfrentar esa emergencia sanitaria. Esa respuesta ha sido reconocida por la comunidad internacional y algunos medios de comunicación influyentes, entre ellos The New York Times (TNYT) que en su editorial del 19 de octubre estimaba que el aporte cubano es parte del esfuerzo que el Estado nacional de este país hace para mejorar su estatus en el escenario mundial, pero que aún así debe ser aplaudido e imitado.

Detrás de esa acción solidaria está medio siglo de ataques biológicos que ha sufrido la población cubana desde el triunfo de la Revolución. En 1961-62 la Operación Mangosta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) esparció químicos en los cañaverales para enfermar a los campesinos y contaminar el azúcar de exportación. En 1971, Cuba vivió el primer brote de fiebre porcina, razón por la que tuvo que sacrificar toda su población de cerdos; una década después, se introdujo una virulenta variedad de dengue que afectó a 273 mil personas, de las que 158 murieron.

Por esas amargas experiencias, Cuba se propuso formar recursos humanos de excelencia especializados en la prevención médica. Pese a que el bloqueo que hace 55 años le impuso Estados Unidos (EE. UU.) que la priva de recursos básicos como medicinas y alimentos, hoy esta pequeña isla posee una riqueza colosal: 90 mil médicos con espíritu solidario. La OMS reconoce que las brigadas cubanas que trabajan en el mundo son las más experimentadas, pues la mayoría de sus elementos ha participado en más de dos misiones en el extranjero.

Ante la expansión del ébola, de inmediato 15 mil profesionales de la salud se ofrecieron como voluntarios para ir al occidente africano a frenar la epidemia. Así, el 15 de septiembre, 461 sanitarios comenzaron su preparación teórica y práctica en el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) de La Habana.

Mientras los voluntarios se capacitaban rigurosamente en bioseguridad y contra las enfermedades emergentes que podrían enfrentar en la zona afectada en Atlanta, Georgia, Barack Obama anunciaba su plan de combate al ébola. En la sede del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de esa ciudad propuso enviar tres mil efectivos militares a África Occidental, que serían coordinados por el Comando Africano (Africom) con un Mando de Fuerzas Conjuntas en Liberia. Además dispuso usar fondos de contingencia del Pentágono (unos 500 millones de dólares) y solicitar al Congreso otros 88 millones para equipos, hospitales móviles y kits para 400 mil viviendas.

Entre tanto, el 2 de octubre llegaba a Sierra Leona –país devastado por una guerra civil de 16 años– el primer grupo de 165 cubanos. Uno de ellos, el doctor Ronald Hernández Torres envió este mensaje: “para tranquilidad de nuestra familia, amigos, vecinos y todos quienes se preocupan por nosotros, estas fotos muestran la preparación intensiva que hemos recibido por expertos de la OMS y de nuestros queridos maestros de la Unidad Central de Colaboración; capacitación que nos posibilitará trabajar en las mejores condiciones. Venceremos y volveremos”.

A su vez, el doctor Leandro Castellanos Vivanco narraba su llegada a aquel país: “al vernos con nuestras banderitas cubanas se podrán imaginar la alegría de los niños que saltaban, reían y nos saludaban desde sus quimbos”. El director de esa brigada, Jorge Juan Delgado Bustillo, dice que la connotación epidemiológica del ébola le confiere un tinte estratégico distinto al que su equipo ha enfrentado en otros países: “en otras circunstancias se sabe dónde está el enemigo, aquí estamos en un medio donde la enfermedad se multiplica cada día. Nunca nos habíamos enfrentado a una situación tan complicada”, subraya.

El 21 de octubre el presidente Raúl Castro despidió al segundo contingente de 83 colaboradores cubanos que viajó a Liberia y Guinea Conakry –ambas golpeadas por décadas de pobreza– y al abordar el IL-96 prometieron entregarlo todo, sanar hasta el cansancio, cuidarse permanentemente, regresar sanos y volver a la Patria narrando sus victorias. Una vez en su destino, se adiestraron para resistir los pesados trajes de protección en jornadas de hasta tres horas contínuas bajo el intenso calor de la zona de desastre. Trabajarán por turnos y en pequeños equipos durante seis meses.

Washington reacciona

El gesto de Cuba se nutre de la tradición solidaria internacionalista de su Revolución. Así lo reconoce la editorial de TNYT del 19 de octubre, al citar que en medio siglo, Cuba envió más de 185 mil profesionales de la salud a por lo menos 103 países. Tras el terremoto en Haití sus médicos protagonizaron la lucha contra el cólera y cuando algunos regresaron enfermos, la isla enfrentó el primer brote de esa enfermedad durante una década. La Habana ofreció enviar médicos a Nueva Orléans para atender a los heridos del huracán Katrina en 2005, pero los dirigentes estadounidenses rechazaron el ofrecimiento.

El artículo ‘En la reacción médica ante el Ébola, Cuba da un golpe muy superior a su peso’, The Washington Post (TWP) reseña que mientras el mundo arrastra los pies frente al avance del virus, la pequeña isla emerge como proveedor crucial de experiencia médica en las naciones africanas afectadas por esa epidemia. Al describir el despliegue de 550 soldados del Pentágono en países afectados, TWP afirma que sería cuestión de sentido común y compasión que si los cubanos cayeran enfermos el Pentágono debiera darles acceso al centro médico que construyó en la capital de Liberia y ayudar a su evacuación.

Aunque el envío de voluntarios médicos al centro de la epidemia cultivó la simpatía internacional, pronto se apuntalaron las obsesiones anticubanas de la Guerra Fría. El historiador Gred Grandin recordó que el Departamento de Estado intenta diluir ese gesto al reactivar el Programa de Profesionales Cubanos de la Medicina Bajo Palabra, que consiste en incitar al personal médico cubano a desertar a EE. UU. Otra ofensiva provino de la prensa de La Florida, al afirmar que el Estado cubano envió médicos a África para obtener cuantiosas ganancias. En contraste TeleSur calificó de Héroes contra el ébola a los contingentes de la isla.

Mientras los voluntarios médicos cubanos combaten al ébola con riesgo de su propia integridad física, en EE. UU. se debate si debe permitirse el ingreso a todos los que proceden de las naciones afectadas por esta epidemia, o si debe imponerse una cuarentena sólo a trabajadores de salud que vienen de aquella región. Detrás de esa inquietud están la desinformación y las presiones de sectores que ven en la emergencia sanitaria de países pobres un riesgo para el estado de bienestar de la población estadounidense.

Dereck Thompson, en su artículo ‘El peligroso mito del pánico contra el Ébola’, critica la cobertura mediática sobre esta epidemia: “El ébola está en la televisión, la radio, los periódicos y en el Internet. Todos hemos consumido sobredosis del virus en esa cobertura en las últimas semanas mientras muchos saben ya, que en África hay una terrible crisis de salud, pero que en EE. UU. apenas ha muerto una persona por esa causa. La cobertura mediática responsable no ha abundado en los últimos tiempos, por lo que se ha contribuido a formentar la histeria sobre este tema”, dice Thompson en The Atlantic.

El pánico global por la epidemia radica en que es un mal nuevo; es temible porque los estadounidenses nunca han tenido experiencia con ella e ignoran cómo se comportarían, explica el consultor en percepción de riesgo David Ropeik a la editora de Live Sciencia, Rachael Rettner. En cambio, sí saben cómo comportarse ante la gripe, aunque ese virus mate al año entre tres mil y 49 mil personas en este país, mientras que el ébola sólo ha ocasionado la muerte de una persona. Para evitar la ansiedad ante la epidemia, Ropeik propone reconocer que las emociones nublan la razón y evitar hacer juicios sin conocer los hechos. Sobre todo hay que informarse en lugar de preocuparse, pues el estrés debilita el sistema inmunológico.

Esa paranoia está detrás del aislamiento forzoso de la enfermera Kaci Kickox, aislada en el aeropuerto de Newark a su regreso de Sierra Leona a pesar de dar negativo a ébola en un hospital de Nueva Jersey. Kickox afirmó que no seguirá en casa la cuarentena que le impuso Maine, su estado natal, hasta el 10 de noviembre. Si sale de su vivienda será arrestada por el policía que custodia su puerta.

Kickox es la primera afectada por los controles adoptados por los Centros de Control de Epidemias de varios estados para evitar la propagación de la epidemia, que han sido criticados por especialistas. La paranoia contra el ébola llevó al secretario de Defensa, Chuck Hagel, a firmar una orden que impone un periodo de observación de 21 días a todos los militares que forman parte de la Operación Asistencia Unida (de ayuda contre el ébola en el sureste africano).

La orden se extiende a todas las Fuerzas Armadas (unos cuatro mil militares, entre ellos ingenieros, expertos en logística, enfermeras y médicos) que no tratan directamente a pacientes. Debido a esta orden, una decena de tropas que terminó su misión en Liberia y su general, Darryl Williams, están bajo observación en la base militar estadounidense de Vicenza, en Italia.

La paranoia generada por la epidemia alcanzó a la auxiliar de enfermería española Teresa Romero, contagiada en su país por atender a misioneros que contrajeron ébola en África. Ningún medio español publicó su intención de seguir cuidando a los enfermos al considerar que ella ya tenía anticuerpos que la protegían, tal como dijo a su esposo. Pero el acoso fue tal que su perro Excalibur fue eliminado por temor a un supuesto contagio, aunque 300 mil personas firmaron para mantenerlo vivo.

Proteger la casa

Mientras el acoso y la paranoia por la epidemia paralizan a millones de personas en el llamado Primer Mundo, los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América–Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA–TCP) se posicionaron como pioneros para actuar en la protección de sus poblaciones. Realizaron la Cumbre Extraordinaria en Cuba del 20 de octubre, donde el coordinador en jefe de la ONU para el ébola, David Nabarro, agradeció y reconoció el envío de voluntarios cubanos a la región y destacó que ese despliegue supera a la cantidad de personal enviado por Médicos sin Fronteras o el Comité Internacional de la Cruz Roja, y más de lo que han enviado Estados Unidos, el Reino Unido y China.

A su vez, la directora general de la OMS, Margaret Chan, afirmó que el virus del ébola es implacable y de los más mortales del planeta, porque no perdona el más mínimo error y se aprovecha de toda oportunidad para intensificarse o propagarse a nuevas áreas. Por ello no pasa un día sin conocerse de un caso en un aeropuerto o una sala de emergencia en algún lugar del mundo. Admitió que las personas tienen miedo, pero si un país se prepara bien puede derrotar un brote de ébola, como ocurrió en Senegal y como puede suceder con el brote de Nigeria.

Días antes, el líder cubano Fidel Castro en su reflexión ‘Llegó la hora del deber’, afirmó que era momento para que EE. UU. y Cuba pusieran fin a sus diferencias, así sea temporalmente, para combatir esta amenaza global. Como efecto de ese llamado, de la presión de la prensa estadounidense y de la Cumbre del ALBA, la vocera del Departamento de Estado, Marie Harf, manifestó que celebraba la oportunidad de colaborar con Cuba para enfrentar el brote de ébola. Un paso significativo fue la presencia del director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades para Centroamérica, Nelson Arboleda, en la reunión técnica de la ALBA–TCP.

Paradojas de la naturaleza: Cuba encabeza el combate contra la epidemia de ébola acompañada de sus adversarios políticos, quienes en la cima del pánico violan los derechos humanos de sus propios ciudadanos, entre ellos el de la libertad.