¡Al fin Álvaro Torres canta en Cuba! Este bien pudo ser el pensamiento que pasara por la mente de muchos cubanos cuando se anunció esta semana que el popular cantante salvadoreño llegaría a la Isla, esta vez no solo para disfrutar de la belleza de sus ciudades o la alegría de la gente, sino para ofrecer su música a quienes hasta el momento lo habían seguido fielmente por estaciones de radio y alguno que otro –los más- a golpe de aquellas grabadoras con casettes de cinta, desterradas de los hogares por el reinado del disco compacto.

De todo ha habido desde su llegada. Conmoción por la noticia, incrédulos pensando que no podía ser (¡qué va a hacer Álvaro Torres dando conciertos en Cuba!), consternación por lo volátiles de las entradas al Teatro Lázaro Peña —con más de tres mil capacidades—, periodistas intentando obtener la exclusiva, fotos y más fotos en Facebook, pero, sobre todo, el cariño y la calidez del pueblo que se confesó ferviente admirador del artista de 59 años.
Por eso no fue de extrañar que el autor de “Sencilla y bella” sorprendiera a todos sumando otra presentación a las dos que ya había fijado en el teatro habanero y anunciando, durante su actuación la noche de este viernes, que regalaría la interpretación de sus temas a lo largo y ancho de Cuba, en una gira que lo llevará por las provincias del país el próximo año, con el auspicio del Instituto Cubano de la Música.

Emocionado ante las muestras de verdadero fervor de los espectadores que llenaban un Lázaro Peña abarrotado, Torres aseguró que esta oportunidad “será algo maravilloso, un gran compromiso con ustedes, el público cubano, por tener su corazón abierto y darle cabida a todas mis canciones”.
El público al que llamó “el más romántico del mundo” entonó los coros de piezas antológicas de su repertorio como “Hazme olvidarla”, “Si estuvieras conmigo”, “Chiquita mía” y “Patria querida”, esta última interpretada junto a su hijo Astor en honor del pueblo cubano.

“Yo he venido a agradecerles de todo corazón ese bien tan grande que ustedes me han dado a través de las décadas, apoyando y amando mi música, haciendo suyas mis letras mis melodías, así que para mí esto significa algo único, maravilloso y solo podré agradecérselo si me dan la oportunidad de cantarles”, se expresaba Torres en un encuentro con la prensa nacional el pasado martes.
También en esa oportunidad dijo que ser acompañado por los 28 primeros atriles de la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la conducción del Maestro Enrique Pérez Mesa, era todo un lujo, un agasajo, que compartió con los presentes, a quienes propuso a su vez un recuento por lo más destacado de más de 30 años de labor.

Y aunque poco conocido, hay que resaltar que la mayoría de sus músicos son cubanos, representantes de una cultura que confesó que lo ha influenciado bastante.
“Me siento feliz y nervioso a la vez” —confesó desde el escenario el cantante radicado en Estados Unidos— “ustedes son un público maravilloso y espero que momentos como este se vuelvan a repetir”.

Por lo pronto ya se alistan los preparativos para dos conciertos más, aunque es de sospechar que muchos quedarán con la esperanza de entrar a un teatro que se hizo chico para albergar a todo el que quiere disfrutar de un cantante que nunca pensaron tener en vivo.
Si Álvaro Torres tenía dudas de que en Cuba se le quería o que iba a pasar desapercibido, tuvo que haberse convencido de que nada estaba más lejos de la realidad.