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La India inició hoy su primera misión a Marte, con el lanzamiento de una sonda de 1,35 toneladas para estudiar al vecino planeta.

El cohete portador de la sonda no tripulada Mangalyaan despegó sin incidentes desde la base de Sriharikota, en Andhra Pradesh, en la costa sur de la India, informó la televisión estatal Doordarshan. En unos 300 días llegará a la órbita del Planeta Rojo.

La sonda fue desarrollada en menos de dos años, con un presupuesto relativamente modesto. En su interior lleva sensores especiales que han de examinar la atmósfera marciana en busca, por ejemplo, de rastros de metano, que comprobarían la existencia de organismos primitivos. Está previsto que el “Mangalyaan” alcance la órbita de Marte en unos 300 días.

Precios módicos

Hace cinco años, la potencia económica emergente asiática ya dio que hablar con una misión a la luna que, pese a sus bajos costes, alcanzó el satélite terrestre en el primer intento. También el vuelo a Marte es impresionantemente económico: el proyecto completo ha costado 54 millones de euros (73 millones de dólares), es decir, menos que el más barato de los aviones de pasajeros de el fabricante estadounidense Boeing.

“El objetivo de la misión es probar que tenemos la capacidad tecnológica de alcanzar Marte”, dijo el portavoz de la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO), D.P. Karnik.

El sistema de cohetes portadores y todos los instrumentos a bordo fueron desarrollados por científicos y técnicos del ISRO, aunque sólo tuvieron dos años para ello. “Todo estudiante y todo ciudadano indio debe estar orgulloso de que nuestro países sea capaz de realizar una misión tan compleja”, dijo el presidente del organismo, K. Radhakrishnan, en una entrevista con “The Hindu”.

La otra cara de la medalla

Sin embargo, no todo ha salido perfecto en esta misión: en realidad era el nuevo cohete PSLV para cargas pesadas el que debía originalmente poner en órbita la sonda, pero hasta ahora todos los lanzamientos con tracción en frío fracasaron.

Por otra parte, los críticos se preguntan si un país en el que vive un tercio de los pobres del mundo debe enviar necesariamente una sonda a Marte. Los defensores del proyecto responden que el dinero está muy bien invertido; argumentan con el ejemplo estadounidense, indicando que cada dólar gastado en las antiguas misiones Apollo se tradujo en la creación de tecnologías por un valor multiplicado por diez.

(Tomado de DW)