Casi a la misma hora en que el secretario de Estado, John Kerry, admitía que, “en algunos casos”, el espionaje de Estados Unidos en el mundo puede haber ido “demasiado lejos”, el comité de Inteligencia del Senado aprobaba por once votos contra cuatro una ley que extiende y refuerza el programa de recolección de datos telefónicos en este país y en el exterior (Fuente El País).

foto-wikileaks-espionaje2La observación proviene de un connotado diario de España, uno de los Estados europeos que más ha contribuido a la operatividad del denunciado sistema de fisgoneo planetario, y en lo que escribe pone énfasis en lo que parece una contradicción entre los entresijos de poder en Washington, aunque puede tratarse en realidad de una distribución de papeles.

De un lado la Casa Blanca y el Departamento intentan tranquilizar a la opinión pública internacional y a gobiernos, algunos de los cuales por cierto, han prestado su colaboración a la CIA en vuelos con secuestrados e ilegales cárceles clandestinas en nombre de la lucha contra el terrorismo. Con tal de salvar las apariencias vale todo, hasta una puesta en escena de indignación.

Del otro lado la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) hizo saber que seguirá adelante con su programa de recolección de llamadas, aduciendo que es legal y necesario, y su propio director James Clapper fue lo bastante claro al decir que “la inteligencia se conduce desde la premisa de que podemos hacerlo en secreto y no contamos con que lo que hacemos aparezca en los periódico”.

Solo queda atenerse y resguardarse.