Banderas de EE.UU. y de Puerto RicoPor Julio A. Muriente Pérez / Copresidente del MINH

Tras la reciente imposición de un funcionario del gobierno de Estados Unidos para fiscalizar y de hecho dirigir la Policía, la presencia de Héctor Pesquera en esa institución resultaba impertinente. Y como ya no tenía nada que hacer luego de la federalización de ese cuerpo, renunció, siguiendo las órdenes de sus jefes del Homeland Security.

Pesquera se va de la superintendencia de la Policía sin pena ni gloria.  Su estadía en ese cuerpo estuvo siempre adornada de mucha fanfarria y pocos resultados, de mucho ruido y pocas nueces, de arrogancia y falso sentido de autosuficiencia y capacidad profesional.

Lo que sí se recordará de él es que recibía un jugosísimo salario y que gozaba de condiciones de trabajo envidiables.

En todo caso, los profundos problemas de violencia, criminalidad y desasosiego social que enfrenta el pueblo puertorriqueño—lo hemos dicho muchas veces y lo reiteramos hoy—no son de naturaleza policiaca; con el control directo de los federales o como sea. Tienen que ver sobre todo con el deterioro en la calidad de vida, la conversión de la violencia en forma “normal” de enfrentar y solucionar problemas sociales, con la inversión de valores, los serios desajustes en el sistema educativo, la inseguridad de empleo y con la generalización de las enfermedades mentales, entre otras causas.

De manera que, en fin de cuentas y en lo que respecta a la crisis social que enfrentamos todos y todas, resulta irrelevante quién dirija la Policía.

Lo siguiente será la designación por parte del gobernador García Padilla de algún sello de goma que recibirá órdenes del funcionario impuesto por los federales, que a partir de ahora y sin disimulo, será el verdadero superintendente de la Policía.