pizarra-englishPor Yisell Rodríguez Milán

Universidades de La Habana, Matanzas y Cienfuegos elaboran propuestas para modificar la enseñanza de la asignatura en el país y eliminar las insatisfacciones que deja en estudiantes y profesores. ¿Qué ha fallado? ¡No es posible que todos los profesores sean malos ni todos los alumnos rezagados!, comentaba un licenciado en Inglés de Pinar del Río al analizarlos terribles resultados de la enseñanza del idioma en las universidades cubanas.

Sus preguntas no cayeron del cielo. Desde principios de los 60, a raíz de la Reforma Universitaria, se imparten estas clases en los centros de educación superior de Cuba y, todavía, los estudiantes salen de las aulas balbuceando los clásicos «Hello», «My name is…», y «Nice to meet you» aprendidos a duras penas en primarias, secundarias y preuniversitarios. Difícil será que lleguen algún día más allá de tales frases.Ni siquiera el tránsito metodológico por las más disímiles técnicas, tendencias, aportes nacionales… ni el corre-corre de los alumnos tras el Inglés sin Barreras, el Spectrum, o el At your pace, han logrado que la mayoría de los graduados sean capaces de comprender, escribir, leer, o hablar (en el más idílico de los casos) un idioma que, quizás de tanto mal llamarlo «del enemigo», se les resiste.En Cuba no es muy fuerte la necesidad comunicativa que obliga a usar el idioma y eso contribuye al fácil olvido de los pocos conocimientos. Tampoco la impartición de la asignatura en el archipiélago, a lo largo de su historia, ha sido ideal: se han elaborado programas con objetivos que ignoran el factor tiempo y las carencias materiales, se ha debilitado la profundidad en los contenidos y la exigencia en las evaluaciones; en vez de a 16 alumnos los profesores enseñan a grupos de 45 o más, la semipresencialidad hace perder protagonismo a los profesores frente al aula y, para colmo, en medio de absorbentes actividades extracurriculares y de planes de clases que a la fuerza se vinculan con otras asignaturas, muchos pedagogos han perdido la creatividad necesaria para motivar a los alumnos.Las consecuencias, a largo plazo, han sido las siguientes…

HABLO POQUITO AND BAD

 Adrián González. Foto: Elio Miranda.

Foto: Elio Miranda.

Daniel Aragón Pérez y Adrián González, de 21 años de edad y del segundo año de la carrera de Derecho conversan en un pasillo de su Facultad y, allí mismo, cuentan a Alma Mater sus experiencias.

«No creemos que la enseñanza sea mala. El problema es que la base con que uno llega del pre dificulta enfrentar el tipo de inglés impartido durante el primero y segundo años de la carrera. A veces, incluso, hay que recurrir a un profesor particular para aprobar la asignatura o agenciarse algún material con artículos actualizados.

«Para corregir estos problemas se debe mejorar el inglés de la primaria, la secundaria y el pre pero también —especifica Adrián— ubicar profesores de más experiencia en las aulas universitarias, actualizar los libros de texto e incorporar equipos para reproducir el audio de cada clase, algo con lo que nunca trabajamos».

Ambos consideran que un abogado cubano del siglo XXI necesita conocer lenguas extranjeras para lidiar con la transmisión de información y publicar e internacionalizar los resultados de su trabajo.

Tan crítico como ellos resultó Alfredo González Lezcano, de 23 años, estudiante de 5to año de Licenciatura en Física, quien tuvo que lidiar hace tres cursos con una difícil bibliografía:«La asignatura Álgebra 2 solo tenía un tema en español, el resto estaba en inglés… al final uno aprende a defenderse intuitivamente, se usan diccionarios o se pregunta a los profesores, pero así no se puede estar todo el tiempo y —quizás se hayan logrado mejoras— se debe aterrizar más en las particularidades de la carrera.

«Lo digo porque el físico necesita mucho más que entender artículos científicos, y si es verdad que hay una estructura encaminada hacia ese objetivo nunca llegan al punto necesario: la compresión de las terminologías usadas en Física».

Su sugerencia es vincular más a los profesores de idioma con el departamento de su carrera, «se necesita más comunicación entre ellos y así nuestros cuatro semestres de inglés sirvan para enfrentarnos a la literatura extranjera no solo a golpe de práctica», dice.

Quienes estudian carreras de contenido científico, por lo general son los más afectados cuando durante el año escolar no han aprendido las herramientas básicas para entender la lengua foránea… o cuando no se les han adaptado los contenidos a su profesión.

Foto: Elio Miranda.

Foto: Elio Miranda.

Muestra de ello, además de las opiniones de los entrevistados, son los resultados de un antiguo estudio realizado en la Universidad de Pinar del Río por el máster en ciencias Fermín Domínguez Rodríguez y el licenciado Yorky Mayor Hernández.Bajo el título Reflexiones acerca de la enseñanza del idioma inglés en Cuba, ellos encuestaron a estudiantes de la Facultad de Ingeniería Forestal para probar que con el método vigente en aquella época basado en el Side by Side III y IV se desmotivaba el aprendizaje de los estudiantes porque trataba temas desconocidos, incluso en su lengua materna, y no se ajustaba a las necesidades comunicativas ni al contexto de la especialidad.

En los resultados, la mayoría opinó no poder valerse de la información científico-técnica editada en idioma inglés, el 84 por ciento se consideró mal en su dominio, en tanto más de la mitad estimó que la enseñanza no respondía a sus necesidades profesionales y que la base material de estudio limitaba su vocabulario, la comprensión de textos y por consiguiente la preparación.

Otro fenómeno muy vinculado al cómo los universitarios perciben este tipo de instrucción está asociado, más allá del uso en las aulas, a la actualización del modelo económico cubano y las aperturas de Cuba al mundo.Los cambios en la Ley de inmigración, las continuas misiones internacionalistas de médicos, profesores, deportistas… a países como Brasil o África, la ampliación del trabajo por cuenta propia ya aceptado como un cambio que «llegó para quedarse» y que cada vez exige más nivel académico a sus trabajadores, parecen haber provocado en las nuevas generaciones de universitarios un interés extra por aprender idiomas.Por eso, son muchos los estudiantes que ingresan en la Alianza francesa, con sedes en Santiago de Cuba y La Habana, La Salle y la Lincoln, también en estas dos provincias, y hasta inventan cartas que los presentan como trabajadores para matricular en las Escuelas de Idiomas de todas las provincias.

Odette Díaz Fumero cursa el 5to año de la carrera de Periodismo. Ella cuenta cómo los estudiantes de la Facultad de Comunicación de La Habana optan por esos cursos alternativos sin que esto signifique «una competencia, porque nuestros profesores tienen un alto nivel académico, lo que pasa es que tres horas a la semana no son suficientes para aprender un idioma y los cursos ayudan a complementar las clases».

Odette Díaz. Foto: Elio Miranda.

Foto: Elio Miranda.

Agrega que en su aula hay 49 estudiantes y «es extremadamente difícil darnos clases» por lo cual esas lecciones extra son un alivio para los profesores, quienes «son creativos y no usan solamente el At your pace, sino que se agencian otros sistemas de estudio y los recomiendan. Además, la tecnología avanza y algunos tenemos computadoras en la casa y con eso reproducimos y complementamos lo que no obtenemos en clases», dice.

LA OTRA CARA DE LA BARAJA

Hasta la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana, donde se encuentra el departamento que presta servicios de inglés a la Casa de altos estudios con mayor matrícula del país, fue Alma Mater a conocer las interioridades de la enseñanza del inglés. Allí Pablo Estrada Rodríguez, jefe del mencionado departamento, explicó que sus profesores además del libro base usan otras fuentes. (Bibliografías donadas, documentos en soporte digital e Internet).Profundizó en el déficit de profesionales: apenas 27 para más de dos mil 900 estudiantes. La mayoría de estos pedagogos tiene de 51 a 60 años, lo que evidencia un relativo envejecimiento, y la tasa de incorporación de jóvenes es muy baja. Por eso, alrededor de 15 estudiantes de 5to año de la carrera de Lengua Inglesa, imparten clases.Estrada Rodríguez comentó, además, en exclusiva, que las Universidades de La Habana, Matanzas y Cienfuegos «dan los primeros pasos para cambiar el enfoque de la enseñanza del inglés en la Educación Superior».

Esos pasitos consisten en la elaboración de una propuesta metodológica que mitigue o elimine los problemas actuales de esta asignatura. Entre ellos mencionó «las condiciones materiales, que últimamente han mejorado pero no son ni de lejos las necesarias, porque la Universidad de La Habana tiene garantizados los libros sin embargo carece de medios para reproducir audiotextos».

Otras de las dificultades que se erradicarían son las relacionadas con el rendimiento de los estudiantes porque el nuevo enfoque no incluye la semipresencialidad que «en un momento resultó novedosa y fue bienvenida, pero la práctica demostró que incide negativamente en el buen desarrollo de la disciplina». La mayoría de los profesores del departamento de Prestación de servicios comparte esa idea.

Gilberto Díaz Santos, decano de la Facultad de Lenguas Extranjeras, fue más específico. Remarcó entre las dificultades de la disciplina la excesiva cantidad de alumnos por aula, que los estudiantes empiezan con diferentes niveles de aprendizaje, y que el plan de estudios no facilita a los avanzados progresar ni a los atrasados ponerse al día, por lo cual quienes son buenos optan por convalidar para luego, cuando lo necesitan, pagar por las clases.

«Uno de los problemas fundamentales —agregó— es que el conocimiento del idioma inglés constituye una necesidad social que muchas veces no es asumida por el estudiante».

Hacia ahí va dirigida la propuesta: «Básicamente la estrategia es organizar cursos según las necesidades, garantizar la diversidad de idiomas, cambiar la manera en que funciona la docencia y adquirir equipos».

Habrá ofertas diferenciadas según el nivel de aprendizaje solo que el profesor no irá al aula sino los alumnos a un local específico donde compartirán con otros de química, bioquímica, biología, artes y letras, etc… que estén en su mismo nivel.

La asistencia será obligatoria, pero proponen que quien quiera podrá optar por cursos especializados, por ejemplo, sobre cómo escribir abstract, o artículos científicos.

También incluyen la posibilidad de que los profesores cuenten con equipos de reproducción de audio y video como medio básico, y que se tengan ofertas no solo de inglés sino de otras lenguas como alemán, francés o portugués.

Hace más de 40 años que Cuba imparte en sus universidades clases de inglés, pero la experiencia acumulada, y sus resultados, dicen que algo no está bien.

«Yo no speak English», por graciosa que se escuche, no es una frase de estos tiempos y, a pesar de eso, es muy usada por los recién graduados. Eso, como un ejemplo mínimo del problema, da la medida de lo que falta por lograr para que el futuro profesional salga del aula sin las impurezas del spanglish y consciente de que un inglés bien comprendido, escrito, y hablado, es «abridor de caminos».

(Tomado de Alma Mater)