Discreta y no tan discretamente parecen aumentar los cubanos que se dedican a la creación de novedosas y pequeñas salas para la exhibición de películas en tercera dimensión. Foto: Roberto Suárez/ Juventud Rebelde

Discreta y no tan discretamente parecen aumentar los cubanos que se dedican a la creación de novedosas y pequeñas salas para la exhibición de películas en tercera dimensión. Foto: Roberto Suárez/ Juventud Rebelde

El viceministro de Cultura de Cuba, Fernando Rojas, aseguró que los principios de la política cultural de la Revolución Cubana que rigen las instituciones culturales son los mismos para instituciones estatales y del trabajo por cuenta propia, incluidos los cines 3D que funcionan en el país.

Un extenso reportaje que publica hoy el diario Juventud Rebelde reconoce que se estudian regulaciones para este servicio, que aún no se ha legalizado en el país, aunque no se toman medidas contra las personas que lo ofrecen.

Recibe la denominación de cine 3D la tecnología de filmación y proyección de cine para que simula la visión tridimensional humana real, y de acuerdo con el diario van en aumento en el sector privado, mientras el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) comienza a incorporar este tipo de filmes a sus salas.

Fernando Rojas comentó que la política cultural del país es una sola y rige para vendedores de CD-DVD, propietarios de paladares que contratan o invitan a artistas para que actúen en sus establecimientos, para quienes hacen películas, y para los cuentapropistas en general.

Esa política -dijo- debe ser cumplida sin excepciones, porque es para todos: para el vecino del barrio que pone música en su casa, para el que “quema” discos…, independientemente de que ahora sea mayor el acceso a las nuevas tecnologías (porque alguien las compró, se las regalaron o las adquirió ilegalmente) y, por tanto, superiores las posibilidades de que se pueda concebir un “producto cultural” desde los hogares, aunque resaltó que la realidad ha demostrado que pocas veces consiguen esa categoría.

El Viceministro de Cultura consideró que, como algunos están conectados a la tecnología y al mercado, se está dando este fenómeno de la exhibición en 3D, aunque no es algo que se haya generalizado como la venta de CD-DVD, por ejemplo, que se manifiesta de modo más masivo.

Según Juventud Rebelde, los precios de la programación de los cines 3D oscilan entre uno y cuatro CUC, en dependencia de las ofertas gastronómicas incluidas, como rositas de maíz, panes y refrescos, la exclusividad del sitio y la competencia con otras salas.

“¿Qué hacer entonces: prohibir o regular? Creo que se trata de regular, a partir de una premisa fundamental: el cumplimiento por todos y todas de lo que establece la política cultural”, comentó.

“Lo que sí llama la atención es que, como regla, posee un pésimo gusto una parte considerable de las personas que cuentan con bastantes recursos financieros y por ende, con los medios para las exhibiciones en 3D —con las cuales ganan más dinero—, a pesar de que no existe la figura legal que los ampare para poderlo hacer”, opinó.

Rojas argumentó que el Ministerio de Cultura está trabajando en esas regulaciones, porque tiene el convencimiento de que cuando realicen ese ejercicio, saldrá a la luz que en esas decenas de espacios que hay en el país —mayoritariamente en la capital— se promueve mucha frivolidad, mediocridad, seudocultura y banalidad, lo que se contrapone a una política que exige que lo que prime en el consumo cultural de los cubanos sea únicamente la calidad.

“No obstante, nuestro interés no es limitar estas ofertas, sino lograr que se promuevan, repito, productos culturales de mayor calidad”, concluyó.