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El poder desmesurado y potencialmente nocivo de Grandes Ligas, sus dueños de equipos y el sindicato de peloteros, recibió un provechoso derechazo hace unas horas con la firma del Acuerdo Invernal conseguido por la Confederación de Béisbol del Caribe.

“Fue un proceso traumático, pero finalmente llegamos a un acuerdo y ya comenzaremos a regularizar todo”, dijo el presidente de la Confederación, el dominicano Juan Francisco Puello.

Semanas atrás, esta organización había llegado a un acuerdo preliminar con Grandes Ligas, el cual fue refrendado ahora por el sindicato, en su primera intervención en procesos negociatorios referidos al pacto para garantizar condiciones a los peloteros en el roster de 40.

Así, ya se empezarán a otorgar permisos a jugadores importantes para tomar parte en las ligas invernales de países como Venezuela, República Dominicana, México y Puerto Rico, si bien todavía está por divulgarse la lista de fatiga extrema, que establece límites de entradas lanzadas, innings jugados por los catchers o cantidad de veces al bate para el resto de los hombres de posición.

Fueron cuatro dilatados meses de discusiones y amenazas, en los que los representantes caribeños se quejaron por enésima vez de que Grandes Ligas bloquea jugadores y restringe innecesariamente a los peloteros de alto nivel. Pero afortunadamente, a la postre quedó un buen sabor de boca porque, a menos que esté afectado por la regla de fatiga extrema, cualquier ligamayorista podrá ahora jugar en el Caribe, si ese es su interés.

Sin embargo, permanece como asignatura pendiente la disminución de los poderes omnímodos que ejerce la oficina del Comisionado de Grandes Ligas, Bud Selig, sin cuya aprobación no es posible expandir el listado de socios de la Confederación de Béisbol del Caribe, pese a que esta constituye un ente individual.

Como es evidente, lo anterior se vincula con el anuncio veraniego de que Cuba formaría parte de la Confederación, algo que ha sido objetado por Grandes Ligas amparada en el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Washington a la isla caribeña, que ganó siete veces la Serie del Caribeen las doce asistencias consumadas hasta 1960.