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Por Marco Antonio Moreno

Cada día se alejan más los tiempos en que Estados Unidos era la superpotencia económica mundial. Los efectos nocivos de la globalización y la gobernanza del mundo en manos de las trasnacionales ha disuelto la noción de “Estado-Nación” en una situación que se precariza a nivel mundial. La parálisis fiscal que hoy afecta al país bastión del capitalismo, es una clara muestra de lo que espera a todo el planeta. Las imágenes de los visitantes asombrados por el cierre de la Estatua de la Libertad en Nueva York, dieron la vuelta al mundo. El turismo y los empleados del sector público son parte de los 800 mil funcionarios afectados por el cierre parcial de las actividades del Estado. Este cierre fiscal pospone también la entrega de las cifras que son claves para medir la evolución de la salud de la mayor economía del mundo, como las cifras de empleo correspondientes al mes de septiembre. La Oficina de Estadísticas del Trabajo (BLS) señala en su página web que “no recogerá ningún dato ni publicará el informe ni responderá a cualquier solicitud”. Pero este no es el principal problema.

El gran problema que se avecina para Estados Unidos es el límite de endeudamiento del gobierno federal, que ha superado los 16 billones de dólares. Este es el límite anual o “techo de la deuda”, fijado por el Congreso, en que se determina la cantidad en que el gobierno de Estados Unidos puede endeudarse. El techo de la deuda se introdujo durante la Primera Guerra Mundial para ayudar al gobierno federal a pagar la guerra. Desde entonces, el Congreso ha prescindido de la cantidad de bonos que entrega el gobierno, y sólo establece el límite en la cantidad de deuda en que puede incurrir el gobierno cada año. Pero ahora que la deuda federal supera los 16 billones de dólares (US$16.000.000.000.000, ver gráfica) y que al contemplar las hipotecas y otras deudas garantizadas por el Estado supera los 23 billones de dólares, la situación es asfixiante.

Una deuda indevolvible

Todo el mundo sabe que no hay como devolver esa deuda y la acción del Congreso de impedir que se siga elevando el techo de la deuda responde más que nada a causas ideológicas. Se busca la reducción del aparato estatal como se viene haciendo desde los años 70, aunque ésto es justamente lo que ha provocado la explosión de la deuda pública. La reducción del Estado que comenzó con Nixon y continuó a pasos acelerados con Reagan y el boom de la deuda pública, tiene a Estados Unidos en la quiebra. “Los déficit no importan” señalaba el otrora actor de Hollywood, y fue el primero en pedir 18 veces al Congreso “elevar el techo de la deuda”.

El punto crucial es que si el Congreso se niega a elevar el techo de la deuda, la situación de Estados Unidos se hará aún más precaria y dejaría al descubierto el fracaso del modelo capitalista implantado por Estados Unidos. Un impago de la deuda sería un desastre para la posición del gobierno en los mercados mundiales de bonos y daría lugar a una fuerte rebaja de su calificación crediticia, obligando a un aumento en la tasa de interés, provocando una caída en dominó de las principales economías del mundo. Estados Unidos entraría rápidamente en recesión y en su declive arrastraría a todo el mundo, esta vez muy debilitado para contener una nueva crisis.

Es difícil que el Congreso y el gobierno de Estados Unidos asuma la responsabilidad de este escenario tan sombrío e inmediato. La Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, tendrá que alcanzar un acuerdo con el Senado, controlado por los demócratas, para elevar el techo de la deuda antes de que Estados Unidos se precipite por el acantilado. Pero la intransigencia de los republicanos hasta el punto de exigir el cierre de los servicios públicos es en parte la afirmación de que el gobierno es rehén de los intereses financieros. La Fed ha destinado más de 20 billones de dólares en rescatar a la banca, y el congreso se niega a la reforma de salud que propone el gobierno de Obama. Incluso la justicia y las fuerzas policiales financiadas por el Estado, así como los servicios de inteligencia contra el “terrorismo” son vistos con recelo por algunos de los más extremistas que sugieren que lo único que se necesita es un arma para defenderse.

La deuda pública de Estados Unidos como porcentaje del PIB

Deuda EEUU comoporcentaje PIB

Esta gráfica de la deuda pública como porcentaje del PIB nos aporta una idea clara de en qué momentos y bajo qué gobiernos la deuda pública aumentó, disminuyó o se estabilizó. Tras la segunda guerra mundial, Estados Unidos alcanzó un endeudamiento superior al PIBdel país. Pero en aquellos años Estados Unidos no era la primera potencia mundial y tenía un PIB menor al de Reino Unido. Sin embargo, tras la guerra, Estados Unidos fue el único país de los que participaron en el conflicto que tenía su infraestructura pública industrial intacta. La guerra permitió a Estados Unidos revertir el orden y pasar a ser la primera potencia mundial. La implantanción del dolar como moneda de reserva mundial desde 1944 respondió al hecho de que Estados Unidos era el país que tenía la mayor cantidad de reservas en oro del planeta. También era el principal productor y exportador de petróleo.

Estados Unidos, gracias a las políticas de bienestar y empleo vivió tres décadas doradas en los que pudo disminuir en forma paulatina y constante la deuda pública, como se aprecia en la siguiente gráfica, tomada de los archivos históricos de la Casa Blanca (ver aquí). Todo cambió con el gobierno de Ronald Reagan y la liberalización de los mercados según las ideas de Milton Friedman desde 1980. Estados Unidos no solo privatizó sus empresas estratégicas (petroleras, mineras, navieras, de transporte y comunicaciones) sino que lo hizo a precios fuera de mercado en lo que perdió todo el país. Si bien la gráfica de la deuda actual hoy se ve muy similar a la de los años 40, la realidad es bien distinta. Hoy Estados Unidos no cuenta con el importante aval que eran las empresas públicas y estratégicas de hace 70 años. Es un país que ha sido desmantelado por los caprichosos intereses privados del libre mercado y no cuenta con la generosidad de los activos que hace siete décadas lo hicieron convertirse en la primera potencia económica del mundo.

(Tomado de El Blog Salmón)